Hace varios días el ex vicepresidente y ex candidato presidencial, Humberto de La Calle, alborotó el avispero escribiendo una columna que llamó “Centroizquierda”. Planteó de La Calle que la posibilidad más cierta de recuperar el camino de la paz, de los derechos, de las libertades y del respeto a la vida, sería conquistando el poder en 2022, con una gran convergencia democrática que incluyera, sin ningún veto, a los principales dirigentes de izquierda y también, a los del llamado centro demoliberal.

Como la columna incluía una mención de Petro, la gente lo interpretó como un guiño y por supuesto, hubo todo tipo de reacciones. La mayoría de ellas positivas. De La Calle enfatizó en que para poder unirse y derrotar la fuerza de extrema derecha que concentra el poder, la que prometió y cumplió hacer trizas no solo la paz, sino que además -al parecer-, hizo trizas la seguridad, sería necesario construir una plataforma ideológica y programática en la cual quepamos todos los demócratas e insistió en no tener vetos contra nadie y no empezar por la baraja de candidaturas que siempre está marcada por los egos y las vanidades, sino por el contrario, iniciar con lo que él llamó la “ingeniería inversa”, y es construir desde las ideas; plantear unas líneas rojas, un marco teórico en donde las personas interesadas en hacer parte de ese tarjetón para una consulta presidencial en marzo del 2022, que coincida con las elecciones parlamentarias y se sientan cómodos. Es decir, dibujar la cancha y las reglas de juego para que el que esté adentro sepa exactamente a qué atenerse. En los siguientes días se empezó a plantear cuáles serían los ejemplos de esas líneas rojas: la posición frente a la despenalización global de las drogas, el aborto, el derecho de las minorías; también frente a la propiedad privada y el respeto al capital y a la seguridad jurídica para la inversión. Y no será tema menor, sino por el contrario- quizás- el principal, la priorización frente al tema del medio ambiente sobre desarrollos mineros, es decir, la decisión de una economía para la vida, en lugar de la tradicional y agotada y agotadora, economía extractiva.

Invité a de La Calle -a quién conozco hace más de 25 años- a conversar conmigo en la Columna Vertebral. Siempre ha sido grato y constructivo compartir ideas y construir proyectos con un hombre que estuvo al frente de dos hitos históricos para nuestra generación: la Constitución del 91 y el Acuerdo de Paz. He invitado a Humberto de La Calle no sólo a perseverar en su tesis de la coalición de centro-izquierda, sino además a participar directamente y a acompañarnos en la construcción de esa fuerza colectiva que tendrá la enorme tarea de reconstruir a Colombia después -no de un mal gobierno- sino de un desgobierno. Terminando estas letras nos atropella la noticia del asesinato de 9 jóvenes en Samaniego, Nariño. Ya traíamos el corazón arrugado y la razón sorprendida con la masacre de 5 menores de edad entre 14 y 18 años en Cali hace apenas unos días, y el asesinato de otros jovencitos que iban a llevar una tarea a su escuela en el municipio de Leiva, Nariño. Imágenes de nuevos desplazamientos forzados en Montes de María, en Santalucía y en Tibú; de espantosas masacres, torturas y ejecuciones extrajudiciales están volviendo a ser paisaje sangriento en esta patria lastimada. Todo indica, como hemos dicho, que hicieron trizas la paz, pero también la seguridad, y ante ese hecho ya no es solamente una posibilidad, sino una obligación construir una coalición que defienda la paz y la vida, y que reconstruya a Colombia después de estas dos pandemias terribles: la pandemia del coronavirus y la pandemia del retorno a la guerra.