Cada ciudad, cada país y cada persona en el mundo hoy están pendiente de “el pico”. Hace apenas unos meses esa palabra no existía. O significaba otra cosa: beso tímido, cima de una montaña, y en colombiano, un fragmento de una cantidad… “mil y pico”, “mes y pico”. Ahora significa muerte y también esperanza. El número más alto de muertos antes que la curva fatídica del ataque viral empiece a bajar, la esperanza que alcanzado el más elevado nivel, prometa en su descenso que esta pesadilla del covid-19 va a pasar algún día y podamos volver a ser humanos, libres, reunidos, como hace apenas seis meses, cuando “éramos felices y no lo sabíamos.”

El problema es que nadie sabe cuándo llegará el esperado “pico”. Esta semana Colombia llegó a los 10.000 muertos y entramos a ocupar el primer lugar del mundo en mortalidad por millón de habitantes. El virus golpeó al mundo entero. Pero algo estamos haciendo mal o peor aquí que en el resto del planeta para ocupar ese podio trágico. Entre tanto, al natural miedo a la muerte (se nos había olvidado que a todos nos llega) que es incertidumbre pura, se suma la certeza de las consecuencias de la crisis socioeconómica derivada del prolongado e improvisado encierro. Sabemos que la inmensa mayoría de quienes contraen el virus lo superan (el 97%) pero en cambio, las consecuencias del desempleo y la quiebra de empresas, son incalculables.

Hoy, hemos conversado con un hombre estudioso. Alguien que fue ministro de Salud durante seis años y que además conoce las ciencias económicas, filosofa y escribe. Alguien que, por tanto, debe saber qué hacer. Es la pregunta que se hacen los gobernantes del mundo.

Alejandro Gaviria es prudente. Se cuida de señalar responsabilidades en el mal manejo de la pandemia y de la economía en Colombia. En cambio, va más allá. Pone sobre la mesa las consecuencias catastróficas del cambio climático. Y es que este maldito virus pasará sin duda. Todas las pandemias de la historia se auto limitan después de causar su daño. Y vendrá la vacuna en pocos meses. Para el desempleo no hay vacuna, pero hay remedio si nuestra sociedad exige y le abre paso a un modelo de Estado solidario y garante de los derechos de todos –incluyendo- la renta básica o mejor aún, el salario universal.  Pero no hay remedio fácil, ni pronto, para el daño ambiental que seguimos causando y que calienta el planeta con riesgos reales de extinción. Nadie se atreve, además, a descartar que dicho cambio no sea factor determinante de la expansión de zoonosis y mutaciones vírales como este coronavirus. Gaviria pronostica futuras pandemias. Yo, menos pesimista, espero que esta crisis abra camino a sistemas de cooperación global que nos obligue a los colombianos a mirarnos hacia adentro y construir formas de soberanía farmacéutica y alimentaria. Estaremos más preparados para la próxima pandemia viral, que ojalá tarde otro siglo. Entre tanto, tenemos que salir pronto de este aislamiento a atender otras pandemias: la del hambre y las violencias. Pero la reflexión del exministro Gaviria es profundamente humana. ¿Qué estamos sacrificando por el miedo irracional a la muerte?, ¿todas las libertades?, ¿la educación?, ¿la socialización de los jóvenes?, ¿el arte?, ¿el deporte?, ¿la risa?, ¿la movilización social?, ¿la democracia?

Hace poco escuché la triste noticia de la quiebra del Circo del Sol. Ese maravilloso espectáculo de color, movimiento, sonido y fantasía que sólo la especie humana puede recrear. ¡Me pregunto si el virus del covid además de matar unas personas, está matando lo que nos hace humanos!