La medida de aseguramiento al senador Álvaro Uribe causó sin duda un terremoto político pero no voy a dedicarle esta columna a él. Lo que debía decir ya lo dije: Los fallos de las Cortes se respetan, ni se atacan, ni se celebran. Aunque Uribe ha sido profundamente injusto, por decir lo menos, con sus críticos, con sus contradictores y con las víctimas, no ayuda a nada ni a nadie serlo con él. Que se defienda ante la justicia con el debido proceso y todas las garantías y la presunción de inocencia que él negó a los hijos de las madres de Soacha “que no estarían cogiendo café”.

Escribo sobre lo que sigue. La Postpandemia. El PostUribe.

Sus prosélitos reaccionaron a la decisión judicial de permitirle seguir disfrutando  de su hacienda y sus caballos de paso fino de dos maneras: Atacando a las Cortes y poniendo en el otro plato de la balanza de la justicia a Santos, Petro, la “izquierda radical”, el “comunismo internacional”, las FARC, etc; en una mezcla delirante que sin embargo, tiene dos efectos: Pone los reflectores en su pesadilla más visible  que es Petro y pone a Petro a pensar si esta sopa, a primera vista indigerible, de “progresismo” y liberalismo económico es una receta viable. Esa es la razón de mi conversación pública con Petro hoy. ¿A qué le tienen miedo los antipetristas?, ¿a qué le teme Petro?, ¿se repetirá el resultado del 2018 en el que a ambos lados ganó el miedo? El miedo a Petro, el miedo al regreso del uribismo. Con una diferencia: las consecuencias del segundo ya están vistas. La fragilidad de las adhesiones “por temor al otro” y no por convicción sobre los candidatos y sus programas, también nos pone a pensar a quienes estamos en el medio. Porque están Uribe, Petro y todos los demás que somos más. Es posible, preguntó Humberto de La Calle hace unos días, ¿Una coalición de centro-izquierda que le ofrezca al país un gobierno eficaz, sensible, equitativo, moderno e incluyente?, ¿responsable en lo económico, pero también en lo ambiental y comprometido con la vida y con la paz como camino?, ¿una fuerza colectiva que reconstruya este país después del tsunami social  y económico del Covid19 y que lo levante después de la decepción del desgobierno Duque?, ¿es posible esta coalición de centro-izquierda sin la izquierda? Pregunta en el fondo de La Calle. ¿Y es posible esa coalición de centro-izquierda sin el centro? Pregunto yo.

¿Y es posible un gobierno de centro-izquierda sin radicalismos? Le pregunté a Petro. Ustedes oirán sus respuestas en el facebooklive ligado a esta página web. Y pensarán después si hay razones para el miedo.

La oportuna provocación de Humberto de La Calle genera otra pregunta: ¿Hay acaso una sóla izquierda?  Las voces que reclaman un esfuerzo de unidad se oyen por doquier. Yo las escucho. La unidad de la izquierda tradicional es una responsabilidad de sus dirigentes. La unidad del centrodemoliberal es nuestra tarea. Para saber con quiénes, hay que saber qué piensan. Para saber qué piensan, tienen que decirlo. No es tiempo de guardar cómodos silencios, sino de proponer soluciones a  los problemas de Colombia. Lejos de radicalismos, lejos de extremismos, parados en el centro, en el equilibrio, en las instituciones por encima de los caudillos, en el corazón de la democracia, todos los demás, que somos más, antes de pensar en coaliciones tenemos que consolidar el centro.