Imagine usted un cuadro colgado en la pared de su casa. Una pintura o quizá una gran fotografía. Ahora imagine que el marco de la pintura está desajustado, desarmado y roto. Echa a perder la visión de la pintura. Daña la imagen que pretende proteger. Y si es una fotografía desenfocada –además- empeora la visión. Y si la imagen la componen dos fotografías superpuestas, ambas desenfocadas, usted todo lo verá borroso, impreciso, incierto. Así está el panorama socioeconómico presente y futuro hoy en Colombia. Vamos a aclararlo.

En primer lugar, hablamos del Marco Fiscal de Mediano Plazo anunciado hace pocos días por el gobierno. Desajustado por sus cuatro lados. Disminución del recaudo, desde antes de la pandemia, por cuenta de las cuantiosas exenciones entregadas en la pasada reforma tributaria -Ley 2010 de 2019-. Aumento de la deuda. Disminución del crecimiento. Disminución de empleo. Un “hueco fiscal” de 20 billones.  El “ajuste” del Marco se pretende con el martillazo de la privatización auto habilitada de activos de la nación (Ecopetrol, Cenit, ISA, Banco Agrario incluidos), según el ministro (e) “hasta por 12 billones de pesos” mediante los decretos 492 y 811 de la emergencia, pero renunciando, en ese primer anuncio, a una reforma tributaria estructural indispensable, la cual postergaron “para el segundo semestre del 2022”, es decir, para el próximo gobierno que deberá recoger los pedazos del marco… y de la economía. Una semana después el gobierno anunciaría lo contrario. Veremos.

Pero el “Marco” desajustado no es todo el problema. La imagen de la actualidad económica tiene superpuestas la fotografía del presente (la emergencia) y la fotografía del futuro inmediato (la recuperación de la economía).

La primera fotografía, desenfocada y tomada de afán, nos muestra un alud de decretos legislativos y de orden público, la mayoría con efectos económicos (164 en 60 días, mientras en 29 años desde la Constitución del 91 y sumados todos los presidentes juntos se decretaron en total sólo 270). Adicionalmente, se apropiaron 24.8 billones de ahorros del FAE que habíamos dejado establecidos en la reforma del 2011 para emergencias y del FONPET, a los que se agregaron los recursos de ISAGEN. La fotografía es borrosa porque nadie tiene claras las cuentas de la pandemia, ni en el sector público, ni en los centros académicos, ni en los órganos de control. Esta danza billonaria -como ciertos bailes clandestinos- ha ocurrido en la oscuridad. Por si fuera poco, el gobierno anunció la extraordinaria cifra de 117 billones “de inversión para la emergencia” que sólo tienen algún viso de realidad si se suponen comprometidos cerca de 80 billones en garantías crediticias para el sector financiero. Los créditos así estimulados, sin embargo, tampoco fluyeron, por una mezcla de incertidumbre del empresario al borde de la quiebra y del banquero a quien no le bastó la garantía estatal del 90%, a pesar de que implica prestar prácticamente a cero riesgo. La reciente quiebra de muchas MIPYMES evidencia que las medidas de subsidio a la nómina, positivas, pero tardías, fueron y son insuficientes sin estímulos además a la demanda interna. El gobierno en la emergencia se negó a proveer una renta básica por tres meses que hubiera permitido aplanar la curva de la pandemia, ganar tiempo para la adecuación hospitalaria de UCI y personal de salud, manteniendo el aislamiento de la población más vulnerable que salió a la calle a buscar que comer. Hoy, después de cuatro meses de emergencia, de todas las medidas, de todos los decretos y de todos los billones anunciados, el panorama es de incertidumbre, miedo, desempleo y amenaza de quiebra empresarial.

La segunda fotografía superpuesta es la más importante. Es la fotografía del futuro inmediato. La fotografía de la reactivación de la economía. El gobierno no ha sido del todo claro. La imagen de la reactivación que presenta es difusa. Días después de rechazar en boca del propio presidente una reforma tributaria, el ministro de Hacienda anunció que la presentarán. ¿Ahora? ¿En 2021? Nadie lo sabe. Han hablado también de la impostergable necesidad de una reforma laboral y una reforma pensional. Pero no la presentan, ni la radican. Sin embargo, podemos suponer que los herederos de la escuela de Chicago cuando hablan de reforma laboral piensan más en flexibilización que en formalización. Y cuando hablan de reforma pensional piensan más en pagar menos que en cubrir más colombianos. Lejos están de aceptar por ejemplo una pensión básica universal. El abandono de la regla fiscal plantea un escenario de endeudamiento volátil que pone en riesgo el grado de inversión.  ¿Cuáles son entonces las medidas concretas que el gobierno plantea para reactivar la economía postpandemia? De nuevo… visión borrosa.

El país en todo caso necesita enfocarse. La crisis pandémica, como han señalado importantes pensadores como Noah, Stiglitz y Chomsky, entre muchos otros, desnudó las debilidades de un modelo inequitativo, que en Colombia contiene 30% de población vulnerable, con más de la mitad en informalidad laboral, con apenas un 25% de los adultos mayores protegidos por la pensión y donde además de no tener ingresos suficientes per cápita, la calidad de los servicios básicos, salud, educación y servicios públicos sigue siendo pobre. Hay entonces en la postpandemia una obligación y una oportunidad. Se necesita un nuevo contrato social. Un estado más fuerte y activo, motor de la economía y generador y estimulador de empleo. Un ingreso universal como derecho más que un subsidio dadivoso insuficiente. Subsidios sí, pero a las nóminas que crezcan y al campo que abastezca y exporte.  La priorización del ingreso para las personas, el trabajo formal digno, la calidad de la salud y la educación, el acceso a la tecnología y la garantía de una infraestructura legal y social que permita que se desarrollen las personas y los mercados en un ambiente de seguridad y estabilidad jurídicas. Reencontrar y potenciar al máximo nuestra capacidad y vocación agroindustrial cuando explotamos apenas 6.5 millones de hectáreas y podríamos poner a producir 22 millones, garantizando autoabastecimiento y capacidad exportadora y generación de empleo. Este será un mundo más cerrado. Hay que mirar hacia adentro.  Las reformas tributaria, laboral, pensional y de salud, son indispensables. El sustento institucional de una reforma política que arranque de raíz el modelo clientelar corrupto y por supuesto, la recuperación de los caminos de la paz. Sin control del territorio, sin seguridad física y jurídica, con hambre y desempleo, no hay reactivación que se sostenga. Pero esto no es para el futuro. ¡Es para ya! Al gobierno Duque le quedan dos larguísimos años. Esperamos que actúe, que lidere, que ajuste el marco y aclare la visión de la economía.